Prologo

Este es el resumen de la sesión que les envíe a los jugadores tras la misma, con intención de servirles a ellos de recordatorio y a mi de ayuda a elaborar estas crónicas
Londres
La pasada noche, los cinco miembros fundadores del Club Wandsworth acudieron a un modesto evento en el centro de Londres. La ocasión era el estreno de la obra «Carcosa. La Reina y el Extranjero», adaptación de una obra francesa por Talbot Estus, en el teatro Scala. Maximilian Mercer, poeta atormentado y chofer oficioso del grupo – nada extraño si pensamos en que es taxista de profesión – fue recogiendo a los otros cuatro miembros en sus respectivos domicilios. El motivo de acudir al estreno no era otro que la graciosa invitación de Lady Pembroke, clienta habitual de la tienda de antigüedades de Barnabás Barrington, sita en la calle que da nombre al club del que Barrington es también miembro. Françoise F. Ferdinand, médico forense y ex-policía, comentó algunas noticias del periódico de aquella mañana con John Smith, antiguo compañero aún en el cuerpo, y Jack Johnson, mientras esperaban el coche de Mercer. La obra prometía ser interesante, y su intuición fue reafirmada por Mercer, quien habló maravillas de Estus. Ferdinand estaba seguro que hubiera sido mucho más provechoso conocer la obra original en francés, pero tendrían que conformarse con lo que tenían.
Al llegar al teatro se fundieron con la variopinta masa que aguardaba para entrar, parecía que una representación de todos los grupos sociales de Londres se había reunido hoy aquí. La obra comenzó puntual, con un teatro medio vacío, y para todos – especialmente para Mercer – fue evidente que se trataba de una obra de aficionados. Llegada la segunda escena, la obra pareció cobrar algo más de ritmo y comenzó a despertar el interés de los cinco, así como de otros miembros del público que mostraban su emoción sin disimulo alguno con gritos ahogados y susurros. El propio Mercer no pudo resistir la tentación de componer una pieza, inspirado por la magia del momento, aunque para su asombro resultó ser la misma letra de la canción con la que había arrancado la escena. La siguiente parte fue probablemente la más intensa, todos quedaron cautivados por la pasión que emanaba el escenario. El clímax llegó con la aparición de un extraño símbolo en las manos del Forastero. Como nota al margen, cabe destacar que en el camino de regreso a casa, los cinco no lograrían ponerse de acuerdo sobre el significado de esta escena. Durante el entre acto, hubo gente que abandonó el teatro, y las muestras de emoción fueron notables. El último acto transcurrió con todo el público expectante, bebiendo las palabras de los actores casi sin poder respirar. Al caer el telón, toda esa emoción contenida se disparó y muchos se volvieron locos y comenzaron a pelear entre sí. El propio Mercer tuvo que ser auxiliado por Smith y Johnson de los intentos homicidas de uno de estos maníacos. Por suerte la policía llego pronto y todo volvió a la calma.
La fiesta con los actores que debía seguir al estreno apenas si estuvo concurrida. Los cinco miembros del Club Wandsworth; el gerente del teatro, el señor Noble; el doctor Charles Highsmith, psiquiatra y Philips Chambers, columnista del Daily Herald y humilde autor de esta crónica. Y por supuesto, los actores. Tras comentar brevemente el incidente, del que los actores apenas sí se habían percatado, pasaron a comentar la obra. Todos parecían muy orgullosos de su trabajo y del señor Estus, aunque dos de las actrices principales aseguraron haber tenido algunos sueños horribles últimamente, relacionados con el contenido de la obra. El señor Estus hizo su aparición poco después y departió con humildad sobre la puesta en escena, su adaptación de El Rey de Amarillo, la persecución que sufrió esta obra en Francia y otros asuntos más livianos. Barrington y él se citaron al día siguiente por la tarde en la tienda del primero para discutir la adquisición del ejemplar de Estus de El Rey de Amarillo, que había despertado el interés comercial del anticuario. FIN DEL PRÓLOGO
Algunos comentarios a la sesión, que fue corta ya que habíamos creado los personajes ese mismo día. Para mostrar el símbolo, aproveche la lectura que cada jugador hace individualmente de la escena tercera para colocarme una máscara y colgarme un signo amarillo. Para cuando los jugadores comenzaron a levantar la vista del papel que les había entregado, tenían frente a sí al extranjero agitando el signo amarillo frente a ellos. Tras eso, se desató la locura.
Ya comenté que no me gusta nada como la campaña propone enganchar a los jugadores. La idea de introducir aquí a Highsmith es un pretexto para permitirles un contacto inicial con él y mejorar su actitud ante la petición que este les hará luego. En la fiesta, el Dr. reconoce a Ferdinand y Smith como dos de los miembros del equipo de investigación policial que trato el crimen de los Roby, y esto le da la idea de pedirles ayuda, ya veremos de que manera en la siguiente parte. Por último quiero presentaros un PNJ de mi creación, Philips Chambers, hermano de Raymond Chambers en la campaña y trasunto de Lovecraft, que introduje a modo de narrador omnisciente interno. No tengo demasiado claro como lo utilizaré, pero me pareció buena idea introducirlo y veré que hago con él de aquí al final.
Hasta aquí el prólogo y la primera sesión.