REFLEXIONES

Estoy harto de los malditos blancos y sus estupideces, si no fuera por el águila plateada me hubiera largado ya de aquí. Pero si no honro al totem y no sigo el camino que me muestra, ¿soy acaso mejor que aquellos a quiénes desprecio? Lo que más me repugna de esta gente es que son capaces de lo que sea por un puñado de dólares. Si, es agradable tener dinero en el bolsillo (sobre todo cuando viene de otro bolsillo, ya me entendéis), pero ¿trabajar para una tipa a la que desprecias por ello? ¿Arrastrarte por todo el país con un grupo de individuos a los que no tocarías ni con un palo por un puñado de billetes? Te digo que no valen ni el aire que respiran, estos compañeros míos. Me alegré de que el profesor chiflado nos dejara tan repentinamente, fue un alivio librarnos de él y de su maldición (si que te explote un libro en las manos no es signo inequívoco de que un espíritu te atormenta, ya no se nada de este mundo). El pelirrojo tiene un pase, al menos sabe lo que se hace, pero el resto no ven más allá de sus propias narices. ¿Cómo se explica si no que hayan tardado casi dos semanas en darse cuenta de que todo esto no es más que la obra de un Dios Oscuro? ¿Que esos pobres desgraciados, que se llaman así mismo sectarios, no son más que peones en manos de un terrible espíritu? Fue necesario que lo leyeran en las notas de ese profesor de la UCLA, Ayers creo recordar que era el nombre, todo puesto en inglés y muy mascadito, para que sus obstusas mentes pudieran entender las implicaciones de nuestra tarea. De no ser por que el pelirrojo y yo nos pusimos serios, seguiríamos aún hablando con vagabundos en edificios abandonados. Con un poco de mano izquierda (y otro poco de derecha) en el momento oportuno pudimos arrancar la información que necesitabamos para terminar de tejer los distintos hilos que habíamos ido recogiendo. Y gracias a mi contacto en el LAPD, dimos con el investigador al cargo de la matanza de la granja, quién nos puso al tanto de lo delicado de la situación en un bar de mala muerte a las afueras. Parece que hay mucho blanquito rico preocupado de enterrar el asunto, razón de más para seguir escarvando. Es posible que tengamos que desplazarnos a África, aunque aún es pronto para saberlo. Lo que si está claro es que Samuel Trammel, un miembro de la secta original que adquirió todas las pertenencias del difunto Echavarría, se ha ganado una segunda visita a pulso. Eso si, esta vez no seremos tan educados. Si queremos llegar a alguna parte, más me vale ponerme a hacer lo que se me da mejor y enseñar a estos parlanchines como arregla los problemas mi gente.

FIN DE LA CUARTA SESIÓN

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